Friday, November 03, 2006

EL PUEBLO UNIDO



Al final de su vida, Mario Palestro se autoproclamaba como el “último socialista”, según el ex diputado Rodolfo Seguel. Por cierto, era el último de una generación que logró construir en su comuna algo así como el paraíso cultural del Estado paternalista. Especialmente en los años 70. “Había clases de canto, pintura, talleres de arte, biblioteca y un teatro donde formamos a grupos de niños de escasos recursos”, cuenta el folclorista Nano Acevedo. Todo gratis.
Entre los profesores estaba Antonio Peredo, un boliviano replegado de la guerrilla del Che Guevara y hoy senador por el Movimiento al Socialismo de Evo Morales. Obviamente, los artistas y el público que hervía en los alrededores discutían sobre el mejor camino al socialismo. Pero, sobre todo, lo pasaban bien.

“En el Llano Subercasaux, para las campañas de Salvador Allende, se organizaban ferias de arte. Recuerdo haber visto a Víctor Jara cantando ‘El cigarrito’, y más allá a Nemesio Antúnez mostrando sus pinturas”, cuenta Iris Aceitón, dueña de un lavaseco hace 24 años y que rescató su aguerrido pasado en la Jota para juntar a un grupo de vecinos que operó en contra de la ampliación de Gran Avenida. “La idea era hacer tres pistas y expropiar. Desaparecían como 40 paraderos”, dice. Firmaron un acuerdo en 1997 con el ex ministro de Vivienda Edmundo Hermosilla, para dejar todo como estaba. “Jugó a nuestro favor que había elecciones parlamentarias, vino Jaime Estévez y Carlos Bombal”, dice Iris, y demuestra estar tan fogueada en política como Camilo Escalona, hijo de un obrero panificador y egresado del Liceo 6 de San Miguel, igual que el trío Los Prisioneros.
El pueblo sanmiguelino volvió a unirse hace un año, cuando se organizaron para evitar que las casas de 400 metros cuadrados –que distinguen la comuna– se convirtieran en torres de 20 pisos. Defendamos San Miguel, se llaman, y ya consiguieron paralizar los proyectos, a la espera de una enmienda en el plan regulador. Proceso que tiene muy irritadas a las constructoras que disfrutan del estallido inmobiliario, las que “tienen detenidas inversiones por 40 millones de dólares, y a través de ‘El Mercurio’ han hecho un lobby tremendo”, dice Juan Salazar, integrante de la organización.

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