BARRIO ROJO

Los dibujantes son nativos de aquí. Por eso, al pasar frente a la entrada de la ex cava de vinos de los Subercaseaux, para ver qué pasa, ponen cara de espanto: es Jacqueline van Rysselberghe, flanqueada por asesores, guardaespaldas y un notero de “Caiga quien caiga”. El martes pasado, los partidos de oposición eligieron esta cava –un enorme subterráneo– para reunir a la comisión política ampliada.
Julio Palestro, el alcalde, aclara que no hubo “gato por liebre”. Que la cava se le arrienda a cualquiera. “Es parte de la apertura y diversidad que caracterizan a nuestra comuna. Además, la UDI no tiene nada que hacer aquí, hicieron una muy mala gestión que dejó una deuda de 8.500 millones de pesos”, dice.
Su padre, Julio, y sus tíos, Tito y Mario, ocuparon la alcaldía sin contrapeso hasta el ’73 y él la recuperó recién en 2004. Y aunque su palabra tiene el peso de quien pertenece a los Kennedy de San Miguel, Julio Palestro se equivoca. Eduardo Ramírez Cruz (UDI), miembro de una pequeña dinastía de abogados sanmiguelinos, estuvo antes que él como alcalde, y en la elección pasada sacó un no despreciable 35% de los votos. San Miguel ya no es la comuna de izquierda dura, esa de la casa de Santa Fe 725, donde cayó acribillado Miguel Enríquez (y que los dueños no quieren vender para convertirla en museo), ni tampoco la zona efervescente en la que le llegó un tiro en la nuca al sacerdote André Jarlan, párroco de La Victoria, durante las protestas en septiembre de 1984.






